Programa de vehículos pesados cierra la puerta al hombre-camión: AMOTAC

Presentado como un salvavidas para la industria dentro del “Plan México”, el Programa de Atención Inmediata para la Protección a la Industria de Vehículos Pesados arranca con la exclusión evidente del hombre-camión, que representa la mayor parte del autotransporte, quedando fuera por requisitos y montos que superan su capacidad de inversión.

La promesa del gobierno de favorecer la modernización de la flota pesada termina siendo, para la base del sector, un lujo reservado a los transportistas de clase alta, agrupados en la organización corporativa.

Rafael Ortiz Pacheco, presidente nacional de la Alianza Mexicana de Organización de Transportistas A.C. (AMOTAC), no maquilla la realidad y sostiene que “el esquema está pensado para otros”.

“Esta propuesta no es para el hombre-camión, ya que no está en nuestras posibilidades de compra; solo es para los transportistas de poder económico fuerte”, dijo a Info-Transportes, dejando claro que la brecha entre promesa y práctica no es menor.

Inversión millonaria, alcance limitado

La mandataria morenista Claudia Sheinbaum presentó un plan con 2 mil millones de pesos destinados a impulsar la compra de vehículos pesados nacionales, complementados con garantías por 250 millones de pesos a través de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) y Nacional Financiera (Nafin).

Y el paquete es generoso en números, pero escaso en accesibilidad para quienes sostienen el día a día del transporte.

El programa combina incentivos fiscales, como la deducción en un solo ejercicio de la adquisición de unidades nuevas, la emisión de una Norma Oficial Mexicana (NOM) en materia de seguridad y ajustes en los precios de importación de vehículos usados.

La teoría es proteger la industria nacional; la práctica, para el hombre-camión, es que esos beneficios parecen escritos para otro mercado.

Desfase entre objetivos y realidad

Marcelo Ebrard Casaubon, secretario de Economía, aseguró durante una presentación del programa en la conferencia matutina de Sheinbaum que la intención es “proteger el empleo y el ingreso de miles de familias mexicanas” en un sector que involucra a cerca de 200 mil personas.

Sin embargo, los pequeños transportistas ven otra película porque, sin tarifas reguladas, con combustible y autopistas caras y obligatorias, la ecuación de costos convierte cualquier incentivo en papel mojado.

“Nosotros sin tarifas (reguladas), con el combustible y autopistas caras y obligatorias, jamás podremos competir”, agregó Ortiz Pacheco.

Y añadió un reclamo cargado con ironía amarga:

“Lástima que sigan ignorando a la gran mayoría de transportistas de México”, dijo mientras explicaba que la base del sector, la que mantiene el flujo de mercancías, sigue al margen de un esquema diseñado sin mirar su realidad.

El pulso del autotransporte

De acuerdo con la ANPACT, más del 80% de la carga en México se moviliza por autotransporte.

La flota promedio tiene 19 años de antigüedad y modernizarla es urgente, pero los incentivos planteados, con la escala actual de inversión de los pequeños transportistas, son más aspiracionales que tangibles.

Mientras algunos organismos empresariales aplaudieron la estrategia presentada con bombo y platillo por su impulso a la producción nacional, para el hombre-camión, quien concentra la mayoría de las unidades en circulación, el programa sigue siendo una meta inalcanzable.

La distancia entre la intención oficial y la realidad del transporte terrestre es tan amplia como la flota que se busca renovar.

 

Por Daniel Zurita / Síguenos en Facebook, X y LinkedIn

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