El petróleo sigue siendo el principal foco de tensión para los mercados globales. El detonante ha sido la escalada geopolítica en Medio Oriente que volvió a poner en el centro el riesgo sobre la oferta energética y en particular el flujo que pasa por el Estrecho de Ormuz, una ruta crítica para el comercio global de crudo. Las represalias iraníes y fuertes tensiones sobre el tránsito marítimo en Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial, generan temores inmediatos sobre una disrupción real del suministro.
El Brent llegó a tocar niveles cercanos a 120 USD y el WTI también registró movimientos muy fuertes al alza en las primeras horas, aunque posteriormente el petróleo retrocedió con relativa rapidez desde esos máximos, reflejando que el mercado sigue extremadamente sensible a cualquier señal sobre duración o escalamiento del conflicto.
Lo importante para los mercados además del salto del precio, es cuánto tiempo pueda sostenerse. Si este repunte del petróleo se prolonga, sí podría convertirse en una presión inflacionaria relevante, porque encarece combustibles, transporte, insumos y expectativas de inflación en general. Por ahora ese efecto de segunda ronda todavía no está completamente definido; el mercado sigue procesando si estamos frente a un shock transitorio o a un cambio más duradero en precios de energía.
En renta variable, algo importante es que los mercados americanos no reaccionaron con pánico estructural. Sí hubo una apertura débil por el impacto inicial del crudo y el temor inflacionario, pero luego apareció recompra en algunos segmentos, lo que muestra que el mercado todavía no está validando un escenario de ruptura mayor sino más bien uno de ajuste dentro de rango.
Desde lo técnico y táctico, lo que vemos es un mercado operando todavía en una estructura lateral. Incluso si esa figura termina desarrollándose hacia una especie de triple piso, podría implicar una caída adicional cercana al 2% en los principales índices, y aun así la estructura general seguiría siendo relativamente sana dentro de un mercado en rango, no necesariamente de quiebre tendencial mayor. En otras palabras, hay volatilidad, pero todavía no una señal clara de deterioro profundo del apetito por riesgo.
Posición de México
México ocupa un papel muy particular en este episodio. Por un lado, un petróleo más alto le da aire fiscal y operativo a Pemex, porque vende su crudo a mejores precios y eso puede mejorar ingresos en el corto plazo. Pemex viene además priorizando más crudo para refinación local y reduciendo exportaciones, mientras su producción total con socios se ha mantenido alrededor de 1.65 millones de barriles diarios y sus refinerías han recibido más crudo que un año antes.
Al mismo tiempo, México no es un ganador limpio del shock petrolero. Su vulnerabilidad está en que todavía depende de combustibles y de una cadena energética donde mayores precios internacionales pueden trasladarse a inflación o a mayor costo fiscal si el gobierno decide amortiguar el golpe con subsidios. Parte de la preocupación del mercado es justamente que un petróleo alto complique el margen de política monetaria y el comportamiento de los precios internos.
Es por ello que el papel de México es dual ya que es un exportador beneficiado en ingreso del petrolero, pero con una economía emergente expuesta si el shock energético se queda demasiado tiempo. Ese balance es curioso porque si el precio del crudo se estabiliza relativamente rápido, México puede absorberlo mejor; pero si el episodio se extiende, el mercado empezará a mirar con más atención la inflación, subsidios, tipo de cambio y crecimiento.
Para emergentes, y particularmente para México, una corrección adicional de mercado no necesariamente sería negativa en términos estratégicos. De hecho, el mercado bursátil mexicano ya ha registrado un retroceso reciente que empieza a generar niveles interesantes para reentradas tácticas. Sin embargo, en el contexto actual lo más prudente sería esperar un retroceso un poco más profundo en los mercados globales y sobre todo algo más de estabilidad en el frente geopolítico antes de retomar posiciones con mayor convicción.
Si esta caída se proyecta sobre activos mexicanos, podría abrir una muy buena oportunidad de retroceso para volver a posicionarse, pero no de manera inmediata ni impulsiva. Lo prudente sería dejar que el entorno internacional se calme un poco más y esperar una ventana de mayor estabilidad (diría al menos varias sesiones y probablemente entre una y dos semanas dependiendo de cómo evolucione el conflicto y el comportamiento del petróleo) antes de retomar con más convicción el ciclo de emergentes y materias primas.



