La estabilidad económica que goza el país se explica en buena medida por el quehacer público de varios mexicanos de excepción, uno de ellos Miguel Mancera Aguayo, responsable de la política monetaria durante la última parte del siglo XX.
A don Miguel, fallecido la noche del lunes pasado, le tocó enfrentar varias batallas. Una de las más recordadas fue la crisis de 1982 tras la Nacionalización de la Banca, colofón de la Docena Trágica que generaron los excesos en el gasto en los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo que llevaron al déficit fiscal a 16 por ciento del PIB.
Como director del Banco de México, ya en su segundo periodo durante la presidencia de Miguel de la Madrid, y por supuesto, coordinado con la Secretaría de Hacienda, en ese periodo al mando de Jesús Silva Herzog y Gustavo Petricioli, tuvo que lidiar con la desconfianza que trajo la confiscación de los bancos, pero también los impactos del terremoto de 1985 y el desplome de los precios del petróleo en 1986, que llevaron a una inflación de casi 180 por ciento en febrero de 1988.
Esos episodios nos recuerdan que los desequilibrios económicos se gestan en pocos años, pero tardan mucho en corregirse, y fue hasta la siguiente administración, siendo secretario de Hacienda Pedro Aspe Armella, con los llamados “pactos” y el regreso de la disciplina fiscal, cuando la inflación volvió a las tasas de un dígito que hoy mantiene la economía.
En esa misma crisis del populismo se salió de control la deuda pública externa, pero también la contratada por empresas, y fue con el Fideicomiso de Riesgos Cambiarios (FICORCA) en 1983 como se pudieron evitar quiebras que hubieran abonado aún más a la desconfianza que le refiero, siendo su artífice Ernesto Zedillo, en ese entonces funcionario del banco central.
Y bueno, su gran aportación fue la autonomía del Banco de México en 1994, baluarte de la economía en estos tiempos que llaman de cambio de régimen, al dejar en la ley, y como primer gobernador del instituto central, que el gasto público no puede financiarse sobremanera con la emisión de billetes y monedas.
Pero don Miguel tenía otra gran motivación: la educación de excelencia, algo que logró desde el ITAM, donde fue uno de sus primeros economistas egresados, lo que marcó su rigor intelectual que será recordado con sus discursos en las Convenciones Bancarias, además de que dejó un fondo que lleva su nombre para financiar becas de manutención para estudiantes del interior del país que se forman en esa casa de estudios. Descanse en paz.
La ruta del dinero
Le decía que el diputado Mario Zamora Gastélum anda en Estados Unidos para empujar la agenda del estado de Sinaloa, no solo en temas de seguridad, sino también en lo que toca al impacto en el campo con la revisión del T-MEC. En Nueva York participa en la Cumbre Latinoamericana de Marketing Político con la ponencia “El candidato a gobernador que compitió contra el crimen organizado: La historia no contada de la elección en Sinaloa en 2021”. En el National Institute on Drug Abuse (NIDA) revisará iniciativas de salud pública y adicciones. Y luego, en Washington y Boston, se reunirá con sus pares y especialistas de la Universidad de Harvard para tratar temas relacionados con la democracia y cómo mejorar la relación entre México y Estados Unidos.
Por Rogelio Varela / Síguenos en Facebook, X y LinkedIn

