Hay gobernadores que administran crisis… y hay otros que simplemente van encadenándolas. En ese segundo grupo empieza a instalarse, con preocupante consistencia, el nombre de Alfonso Durazo, en Sonora

Apenas se cumplen doce días del cierre de las instalaciones de la Universidad de Sonora —tomadas por los empleados afiliados al STEUS en una huelga que un juez ya declaró improcedente— cuando otro frente amenaza con estallar: el STAUS, el sindicato de los académicos, comienza a tensar la cuerda.

No es una coincidencia; es un síntoma. Cuando la interlocución política falla y los recursos escasean, los conflictos no se resuelven: se acumulan.

Lo verdaderamente grave no es solo la ilegalidad de una huelga o la inminencia de otra más. Es la normalización de la parálisis. Más de 40 mil estudiantes quedan en un limbo académico mientras el gobierno estatal observa, reacciona tarde o, peor aún, voltea para otro lado.

La autoridad no puede limitarse a ser espectadora de un conflicto que ya desbordó lo laboral para convertirse en un problema social de primer orden.

El conflicto se centra en demandas de aumento salarial, la revisión del contrato colectivo y el malestar del sindicato ante la propuesta de elevar las percepciones de los trabajadores apenas en 4 por ciento, es decir, debajo de la inflación esperada.

Y si en Sonora hay omisión, en el ámbito federal el silencio tampoco ayuda. La educación superior pública no es un asunto periférico; es un eje estratégico. Sin embargo, la falta de una postura clara desde el centro revela una desconexión preocupante entre el discurso educativo y la realidad que viven miles de jóvenes en las aulas… o, en este caso, fuera de ellas.

Aquí hay responsabilidades compartidas, sí, pero no equivalentes. Los sindicatos ejercen presión; es su naturaleza, pero debe caber en ellos la sensatez y el realismo.

El gobierno, en cambio, tiene la obligación de conducir, mediar y garantizar derechos. Cuando no lo hace, deja de arbitrar y permite que la ley —y la educación— queden a merced de quien tenga mayor capacidad de bloqueo.

Lo que ocurre en la Universidad de Sonora no es un episodio aislado, ni es menor: es el retrato de una gobernabilidad frágil, donde los conflictos escalan porque nadie los desactiva a tiempo. Y en política, como en la física, la energía que no se contiene… termina por desbordarse.

 

La ruta del dinero

Banco Azteca, que lleva Alejandro Valenzuela, anunció el lanzamiento del Primer Certamen Universitario de Inclusión Financiera, una plataforma que busca convocar a estudiantes destacados del país a reflexionar y proponer soluciones en torno a dos pilares clave: inclusión financiera y emprendimiento.

La invitación a jóvenes de carreras económico-administrativas parte de desarrollar el ensayo “Inclusión financiera y emprendimiento: motores del desarrollo en México”, abordando el impacto de ambos temas en el crecimiento y bienestar del país.

Los trabajos serán evaluados por un comité de alta dirección del banco y como reconocimiento los tres mejores ensayos recibirán un pase doble para asistir a encuentros del Mundial de la FIFA 2026, que está a la vuelta de la esquina.

La convocatoria estará abierta del 20 de abril al 10 de mayo. Participan estudiantes de universidades como ITAM, Tec de Monterrey, Universidad Anáhuac, Ibero, UNAM, entre otras.

 

Por Rogelio Varela / Síguenos en FacebookX y LinkedIn

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